Haikus I

gorrion

 

1.

Los gorriones

Solo ellos saben qué es

Una primavera

 

20.

El ciprés apacible

Al llanto de tantas

Despedidas

 

27.

La ola efímera

Erosiona la roca

Milenaria

 

 

80

Un cruce vacío

Espera el encuentro de dos

Destinos opuestos

 

Anuncios

167 trozos de plomo

bonnie and clyde

 

El 23 de mayo, por la mañana, Bonnie Parker y Clyde Barrow cayeron en una emboscada y fueron asesinados a tiros por la policía de Texas y de Louisiana. Los agentes tenían órdenes expresas de vaciar sus cargadores y así lo hicieron: los cuerpos de los fugitivos fueron perforados por 167 balas. 

Esa misma mañana, Clyde se había levantado temprano como solía. Miró por la ventana los sauces y como una ligera brisa mecía sus ramas. Más tarde, preparó un café y se sentó en la cama. Sentir el cuerpo de su amante lo apaciguaba. Al acabar el café, apoyó la taza en la mesita, abrazó la espalda desnuda de su pareja y la despertó con un beso a la mejilla.

Esa misma mañana, Bonnie tenía un sueño profundo. Soñaba que estaba en la casa de su abuela. Salía de la puerta y corría jugando con los otros niños al lado de unos escombros. De repente se tropezó, intentó amortiguar la caída, pero su mano izquierda cayó con fuerza en un clavo oxidado. Miró al agujero en su mano, miró a la sangre, pero no sentía ningún dolor. Se despertó al sentir el brazo de Clyde en su cintura y su cara recién afeitada en su mejilla. Se estiró y sonrió feliz. El olor a café le alegraba la mañana.

Estaban ya preparados para marcharse. Siempre elegantes los dos, él con su chaleco y su gorra, ella con su pañuelo verde azulado y sus gafas marrones: parecían dos estrellas de cine. Subieron al Ford B V8, se miraron a los ojos durante un eterno instante y se besaron. En esa misma mañana, se sentían tan ligeros que hicieron falta 167 trozos de plomo para mantenerlos en la tierra.

Happy Love Song

fantasy-zone

 

I’ve got a brand new pension scheme

In a job I never dreamed

Oh it’s so awesome to belong

So I’ll sing a happy love song

 

No, I won’t say I still miss you

I regret I didn’t kiss you

When the raindrops revealed

What our gazes concealed

 

Now I live a happy life

Car and kids, fork and knife

“No my dear, there’s nothing wrong”

I just sing a happy love song

 

About dreams

About commitment

About what should have been

Fulfilment

 

No, I won’t sing about lies

How I escaped your yearning eyes

I’ll just sing all day long

A happy chunky love song

 

Life’s not all happy-ends

I know, “it’s best we stay friends”

And now that you’re far gone

I will sing a happy love song

Happy

Love

Song…

Mi rincón del pensamiento

foto0075

c. idorou 2015

 

La plaza John Lennon

La tarde de viernes

Dormido

Vencido por costumbre

Y una vida de incertidumbre

Contemplo la escena sonriendo

 

Los niños corriendo

Arriba y abajo

Con la merienda casera se van

Se van porque saben

Que la vida es eso

Alegría, emoción y sentimiento

 

Y yo los observo

En mi rincón del pensamiento

En un banco medio roto

De la plaza John Lennon

La tarde de viernes

Sentado

 

Cansado por las circunstancias

Las últimas instancias

De algún compromiso ya olvidado

De decisiones consensuadas

Pero no deseadas

Y el último puente quemado

 

Por eso me quedo

Sentado, mirando

Los niños que vienen y se van

Me quedo porque sé

Que la vida es eso

Auto-control, empatía y consentimiento

 

Y así me observo

Con la debida distancia

En mi rincón del pensamiento

De la plaza John Lennon

Las tardes de viernes

De mi vida

El club de los 27

f1000027

c. idorou 2014

 

Estuve yo también

Con Jim, Kurt y Amy

En el club de los 27

Cantando hasta el final

Unas letras bonitas

Sobre la vida, el desamor y el tiempo-

 

-El tiempo que pasa

Y amasa y arrasa

La locura, las sonrisas y la alegría

Por eso yo también

Me subí en el mismo tren

Con Janis y Jimmy y Brian

 

Salvando las distancias

Debido a las circunstancias

Que me han tocado en la vida

Porque mi cohete se estrelló

En unas nubes de hormigón

Fabricadas de la misma materia:

El desencanto impermeable a la gran ilusión

Que “la vida con el tiempo mejora”

 

Ellos ya se bajaron

En Londres, París, Nueva York

Pero yo sigo aquí

Aunque en algún lugar perdí

La parte más hermosa de mi vida

Por eso yo sé muy bien

Qué es lo que se siente

Ser uno más del Club de los 27

Tony Stark debe morir

 

Tony Star debe morir

Tony Star debe morir

Tony Stark es Iron Man. Cuando todos los superhéroes luchan por mantener su anonimato a toda costa, él sale del armario de las identidades secretas y revela la suya a todo el mundo. Porque quiere que se sepa. Que todos le reconozcan por lo que es: rico y todopoderoso. ¿Irónico? Tony Stark -entre otras cosas- es un maestro de la ironía: él es Iron(y) Man.

El personaje nace de mano de Stan Lee en 1963. Aunque sus creadores citan una revista de los años 30 (The Spider) y el magnate Howard Hughes como fuentes de inspiración, las similitudes con otro célebre superhéroe millonario son difíciles de ignorar. Sin embargo, mientras Batman surgió de los “New Deal” años 30, su doppelgänger marveliano fue fruto de la ideología reinante de la guerra fría: que el fin (la supremacía de los EE.UU.) justifica los medios. Y a Tony Stark le sobran medios para conseguir sus fines. Mientras otros personajes están dotados por unos poderes especiales, consecuencia de accidentes radioactivos o experimentos gubernamentales secretos, él no tiene ninguno. Pero le da igual: su inmensa fortuna familiar, producida por la fabricación de armas de destrucción masiva, un dudoso talento para los inventos de uso éticamente ambiguo y su cinismo infinito, son más que suficientes para elevarle al status de superhéroe. Y a los que le recuerdan que sin la armadura de hierro no es nada especial, les guarda su arma más infalible: la ironía. “Yo sin el traje soy un playboy multimillonario. ¿Y tú?”.

Durante su paso por el Universo Marvel, Tony Stark ha hecho pocos amigos (curiosamente, casi todos ellos acaban trabajando para él). Al contrario, ha conseguido pelearse con todas las figuras significativas, de Spider Man a Hulk, de los Vengadores al mismísimo Captain America. Sigue construyendo armas que acaban en manos de villanos, apoyando agencias y acciones gubernamentales poco escrupulosas, metiéndose en la vida los demás superhéroes, luciendo su cinismo y su indiferencia por todo lo que se interpone en el camino para conseguir sus metas; y –sobre todo- vendiendo miles de comics y entradas de cine.

Tony Stark nació millonario. Es mujeriego, militarista, partidario de que la superioridad americana está por encima de cuestiones éticas.

Tony Stark seduce al público –dentro y fuera de las viñetas, los fotogramas y los píxeles-, con su labia punzante y la capacidad de (poder) hacer todo lo que se le antoje, cuando le de la gana.

A la gente le encanta y le encanta odiarlo a la vez.

Tony Stark debe morir; y con él, la ironía insignia de los prepotentes.

El sabor imperecedero del loto

Foto: Agata Skowronek

τῶν δ’ ὅς τις λωτοῖο φάγοι μελιηδέα καρπόν (…)

αὐτοῦ βούλοντο (…) λωτὸν ἐρεπτόμενοι

μενέμεν νόστου τε λαθέσθαι”*.

 Homero, Odisea, rapsodia ι, 95-98

     Ulises dejó el tenedor en su plato. Acercó la copa del delicioso vino tinto a sus labios, pero apenas pudo paladear unas gotas antes de que las lágrimas se apoderaran de él. La canción de Demódoco había hecho que se desbordara la presa de los recuerdos. Ulises decidió no disimular más y contó su historia a los feacios: hazañas heroicas, luchas contra dioses y mortales, contra monstruos y brujas seductoras, contra viento y marea; contra la nostalgia. Los anfitriones se quedaron fascinados por las proezas y emocionados por el drama que había vivido aquel hombre. La mañana siguiente le proporcionarían un barco para que llegara a su patria a buen recaudo. El viaje llegaba a su fin.

     Aquella misma noche, apenas durmió -y no por la excitación que le provocaba volver a ver a su familia después de tantos años. Ulises había contado con todo detalle sus peripecias, salvo una. No contó que en la isla de los lotófagos fue él quien lloraba, quien no quería volver al barco, quien comía un loto tras otro. No dijo que habría cambiado todo el suculento banquete por solo una flor más de aquella planta; que desde entonces sabe que el olvido es dulce y no hay manjar o vino exquisito que pueda disipar el persistente amargor de la memoria que el tiempo alimenta y dilata.

 

———————————————————————————————————————————————

* El que de ellos probaba su meloso dulzor, al instante perdía todo gusto de volver y llegar con noticias al suelo paterno; solo ansiaba quedarse entre aquellos lotófagos, dando al olvido el regreso y saciarse con flores de loto.

[trad. José Manuel Pabón, Gredos, 1982]